En 1590, Allison Peirsoun de Byrehill curó gracias a sus conocimientos de herbolaria y anatomía, al Arzobispo de San Andrés en North Berwick. Éste, según la historiadora Helen Ellerbe, no sólo no le pagó por sus servicios sino que ya estando sano la acusó de brujería. Dice Jean Chevalier en su Diccionario de Símbolos que muchos precursores de la investigación científica fueron tomados por brujos.

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